22 junio 2010

Por la puerta grande

De cómo me procuré la salida de un club selecto.

Siempre hay varias formas de hacer las cosas, aunque te digan que sólo hay una:

"La única forma de darse de baja es que nos traiga firmado su compromiso de no ejercer en el ámbito de la Psicología, una vida laboral actualizada y su carné de colegiada".

Me iba y revolvía los cajones buscando el dichoso carné que sólo recordaba haber usado para hacerme pasar por estudiante y entrar, a mitad de precio, en la Acrópolis de Atenas. Pedía la vida laboral y firmaba el compromiso, pero para cuando quería volver a la 4ª planta del número 4 de la Cuesta de San Vicente, ya me habían cobrado otro semestre. Yo me prometía que ésa sería la última cuota. Caía en la trampa de pensar que podría apurar esos seis meses y disponerlo todo para darme de baja justo antes de que me volvieran a dar el palo. Ellos, por su parte, cumplían encomiablemente durante otro medio año su labor que parecía consistir exclusivamente, en atascar con los números de su revista el cajón en que mi madre guarda las cartas que aún me llegan a su casa.
Así habían transcurrido más de tres años repitiendo ese ritual cada junio y cada diciembre, cada junio y cada diciembre, como una maldición. El lunes se cumplía un nuevo plazo para evitar el próximo recibo y mi recién adquirida habilidad mental para transformar euros en muebles de baño o de salón, me dió un ultimátum. Así que me fui a la 4ª planta del número 4 de la Cuesta de San Vicente con una vida laboral desactualizada (la única que había podido conseguir) y sin carné de colegiada pero con un plan que consistía en peinarme muy poco y exponer mi curriculum, sin pudor:

"Desde que dejé mi puesto de técnico en la Casa del Silencio, trabajo como pitonisa en el Ayuntamiento tratando de adivinar lo que quieren mis usuarios o traduciendo sus peticiones del sanblasero al castellano cuando se animan a verbalizarlas. El mayor logro que he alcanzado recientemente en el trabajo es haber sido galardonada con la banda de Miss San Blas "Huesos Elegantes" por tener la clavícula más marcada de la oficina. Me he propuesto desaprender todo el inglés que me enseñaron, pero admito que desaprender un idioma por completo y perfeccionarlo del todo son tareas igualmente complejas. Soy compositora de nanas, fabricante de espejismos y secuestradora de vírgenes, peluches y esqueletos de cartón. Padezco un trastorno obsesivo-compulsivo que me obliga a tender cada prenda con dos pinzas iguales que contrasten o conjunten, según el día, con el color de la ropa. Y en cuanto al carné... no lo he encontrado pero tengo éste, de lunática, porque aquí dónde me ve soy hija de la Luna Nueva que es una cosa superimportante que descubrí recientemente gracias a este calendario que es la referencia bibliográfica que primero consulto cuando me animo a desentrañar alguna de las psyques que me rodean..."

Yo seguía hablando pero hacía ya un rato que la señorita se había percatado de su error (sí que había otra forma de darse de baja) y se apresuró a aceptar mi solicitud y a tramitarla con máxima urgencia por si se me ocurría pasarle consulta a algún paciente esa misma tarde. Y bueno, me fui de la 4ª planta del número 4 de la Cuesta de San Vicente pensando que quizá alguno de mis profesores estaría orgulloso de esa otra forma de salirme con la mía.

13 mayo 2010

Saldando deudas

De cómo entre tanta bruja de mechas
encontré un hada madrina.

Sujeté a Ladycaña por los hombros, la miré fijamente y le advertí que no debía entrar allí bajo ningún concepto: "Recuerda lo que nos pasó la última vez". No la solté hasta que asintió. Introduje mis objetos metálicos en la taquilla y me metí en una de esas cabinas en las que uno se siente como un concursante de "Lluvia de Estrellas" a punto de convertirse en algún famoso. Cuando se abrió la puerta lamenté seguir siendo yo ("seguro que si sales en la tele es más fácil que te den una hipoteca") y me senté a esperar que alguien se quedara libre para atenderme. Pero no estaba dispuesta a contarle mis delirios a cualquiera, al menos tenía derecho a elegir de quién quería recibir la negativa. Y la elegí a ella. Supongo que, de alguna forma, fui capaz de intuir una varita mágica entre sus papeles.

Nunca me interrumpió, ni me miró como si estuviera loca. Me animaba a seguir buscando incluso por importes superiores a los que yo había fijado como tope. Nunca me pidió que me olvidara de la zona norte como opción, ni me hizo preguntas incómodas ni sugerencias sobre lo fácil que sería todo aquello con una pareja solvente. Sentí que podía empezar a confesar mis pecados si los dosificaba semana a semana ("...que es que no soy funcionaria...", "...que es que mi contrato no es indefinido...", "que es que no quiero pedir aval...") Lo soltaba y miraba hacia otro lado temiendo su reacción como quién espera que explote un petardo al que le acaban de prender la mecha. Asombrosamente, ella siguió escuchándome, animándome y dejándome ir sin penitencia.

Fue entonces cuando Ladycaña empezó a entrar conmigo. Al principio, se sentaba tímidamente en la silla de al lado, pero pronto se animó a hacer la crónica de los pisos que habíamos visitado durante la semana, afilando bien cada detalle jocoso como le gusta hacer a ella. Nos reímos a tres bandas de las excentricidades decorativas de los vendedores, repasamos los argumentos desesperados de los agentes inmobiliarios y bromeamos con la posibilidad de convivir con el fantasma de alguna antigua propietaria en uno de esos pisos llenos de muebles al más puro estilo "Cuéntame"...

Ya era habitual que nos abrieran sin hacer siquiera el amago de deshacernos de los metales, pero aquella tarde, hasta el ritual de esperar a que se cerrara una puerta para que se abriera la otra era mucho pedir a nuestra impaciencia. Irrumpimos en la mesa de nuestra amiga: "¡Lo tengo!". La forma en que tiramos el bolso y el abrigo en la silla de al lado mientras hablábamos atropelladamente, probablemente le recordara el comportamiento de su hija cuando llegaba del colegio con algo importante que contar. Creo que, ese día, terminó de amadrinarnos. Le dimos todos los detalles sobre el palacio que habíamos seleccionado y la dejamos con la tarea de contestar a la preconcesión de nuestro sueño no más tarde del siguiente martes.

Áquel fue uno de los fines de semana más largos de los últimos 33 años. Hubiera preferido pasarlo dentro del banco, en ese micromundo donde tantos jueves había escuchado que era posible. Pero tuve que pasarlo en el mundo exterior, lleno de hostilidad incluso en los círculos más cercanos: "que no... que no puede ser, es imposible..."

Y llegó el martes. Seguramente, el día con las peores estadísticas de ciudadanos atendidos de mi historia, porque recuerdo perfectamente haber hecho click muchas más veces, pero que muchas más, sobre la tecla de actualizar la bandeja de entrada que sobre la de "Siguiente Cliente". Y cuando por fin, llegó ese mail y leí "TIENES HIPOTECA" toda la oficina lo supo sin necesidad de que articulara palabra. Cuando quise darme cuenta, ya estaba rodeada por un montón de gente que se alegraba por mi. Yo había empezado a llorar mucho antes de entender que había heredado el Puesto 5 de mi amiga Rubaki para recibir en él esta noticia y seguía llorando cuando salí al parque a llamar a mi hada madrina que me aconsejó cautela: "Muy pronto estarás firmando y podrás celebrarlo de verdad".

Voy a celebrarlo de verdad, Elena. Pero después de haber pagado la primera letra, sentía que tenía una deuda más importante. Hoy es jueves y Ladycaña quería saludarte. Seguimos sin saber cómo lo has hecho pero no lo vamos a olvidar nunca.

12 octubre 2009

Imaginaciones mías

Hoy Ladycaña cumple tres años y 12000 visitas (a ver si me haceis ese regalo).

A los que no entiendan nada de este post... sólo son imaginaciones mías.

A los ladycañeros veteranos, que no tienen que imaginárselo porque ya lo saben, les recuerdo que ésa es la respuesta menos importante. Falta el cuándo, el cómo, el dónde y el por qué.

1. Canciones que te transportan a lugares seguros. La canción por la que le recordaremos siempre.

2. Versiones grabadas por cantantes "guays" para anuncios de grandes almacenes... No, mejor la original que es mucho más friki.

3. Mujeres que saben cuidarse y quererse. En francés.

4. Villancicos que no lo son pero que pasan todas las navidades en tu cabeza y vuelven meses después para recordarte a gente que rezuma hospitalidad.

5. Para las noches, la nana que canta el mar.

6. Mañanas que se repiten cinco veces cada semana.

7. Melodías que se vuelven contigo desde la Alhambra, que huelen a primavera.

8. Fantasías sobre el pasado de una desconocida que acaban contando la vida de una amiga tuya.

9. Canciones perrofláuticas.

10. Si todo lo que puede salir mal sale mal ¿por qué no cantar algo de los 80?.

11. Canciones para personas que no pueden parar de hacer "girar la testa".

12. Ciudades que sonríen bajo el sol para los que sobreviven al invierno por vivir el verano.

13. Canciones para los que se preocupan, para que dejen de hacerlo: ¡que yo no cumplo un año sin ver cumplido un sueño!

14. Una aventura que acaba en un paraiso del norte.

15. Canciones sobre celebraciones en las que no deben faltar las chuches.

16 ... y un regalo gigante de unas voces pequeñas.

¡Hala! A ver a dónde os lleva la imaginación.

08 septiembre 2009

Á fin do mundo

...chámese Finlandia ou Fisterra.

Para mi compañero de Camino. Sin palabras.

01 agosto 2009

Veraneantes

Dícese de todo aquello
que necesita del verano para existir.

Guada regenta el "Lupita", un bar en el corazón de no importa qué pequeño pueblo situado al sur del sur. Es una mujer joven, bajita, trabajadora, de las que imprimen su huella en todo lo que hacen. Hoy se encuentra en uno de esos días complicados del mes, pero aún así disipa con decisión mis dudas sobre el desayuno "Te voy a preparar lo mismo que me estoy tomando yo". Esos pronombres tan bien puestos convierten la barra del bar en una cocina acogedora y a esta clienta desconocida en una confidente (de haber habido una calabaza en escena, ese día habría bajado en carroza a la playa). "La Lupe" encajaría perfectamente en Tijuana: por el nombre, por la decoración de su cantina y por la flor que tatúa toda la superficie superior de su brazo derecho. Esos tonos brillantes que sólo existen en las cajas Plastidecor de 12 colores apuntan a su hijo de cinco años como presunto artífice. Transcurridos doce meses, el tatuaje se mantiene intacto y no hay más remedio que declarar inocente al niño. Sólo un mes más y esa flor, sencilla pero rotunda, inspirará un espejismo. No tiene acento del sur pero en algún momento de su historia, Guada tomó conciencia de su naturaleza veraniega y se estableció en este pequeño rincón del mundo donde habita el genio de la lámpara silenciosa. Le pidió un remedio contra los días nublados y le concedió a un muchacho de Sao Paulo capaz de hacer salir el sol de una sonrisa. Juntos tramaron un plan perfecto: "Viviremos aquí y huiremos a Brasil cuando llegue el frío. Si transcurridos unos meses, el invierno nos da alcance, nos instalaremos aquí de nuevo". Así lo hicieron. Ese año, y el siguiente, y el siguiente y todos los años que siguieron después. Se propusieron vivir eternamente en verano y lo consiguieron. Hay una larga lista de veraneantes: las sandalias, los quioscos de helados, las terracitas, Mr. Caroteno (señor que acude al Parque Sindical todos los días sin excepción entre el 30 de mayo y el 31 de agosto cuya epidermis sigue el proceso inverso a la de Michael Jackson y que pasa gran parte del tiempo con los brazos levantados porque lo único que le queda por broncearse son las axilas), los tirantes, las cenas al aire libre de mis vecinos en sus pequeños chalets, los carteles de cerrado por vacaciones, el café con hielo, las largas horas de luz... y yo queriendo ir andando a todas partes porque sé que en esta época proliferan a cada paso contenedores de materia prima de espejismo de valor incalculable. Algunos de estos veraneantes se extinguen por completo el 21 de septiembre, otros sobreviven arrumbados en los armarios y Mr. Caroteno y yo, luchamos por mantener vivo el paraiso en nuestras vidas, más allá de estos tres meses que se nos permite frecuentarlo.

Hay dos medicinas que ayudan a los veraneantes a superar el invierno: una visita furtiva a Cádiz (sólo he estado una vez allí, en enero, y era verano) y la voz de la Mari de Chambao, que es capaz de ahuyentar la borrasca más tenebrosa y de hacer que mis sandalias dejen de llorar en el armario y se pongan a bailar por la casa aunque la temperatura en la calle no supere los 5º. Añado a "Las Migas" en este botiquín contra el frío, el remedio que me concedió este año el genio de ese pequeño pueblo situado al sur del sur cuando le pedí vivir eternamente en verano.

30 junio 2009

Hacienda somos todos, pero yo más

"Eres una chica pararrayos. Siempre te pasan cosas. Contigo puede ir uno tranquilo por la calle, porque si tiene que pasar algo te va a pasar a tí"- dijo su jefe mientras le hacía la firma electrónica.

Esta afirmación que es un diagnóstico tan rápido como certero venía a cuento de la sarta de desventuras que ella había ido hilando en un relato que perfectamente podría titularse Ensayo sobre la Calamidad. Anotó el comentario mentalmente. Siempre toma nota de lo que él dice porque nadie la diagnostica con tanta precisión. Ese hombre es un experto en la interpretación de suspiros, miradas y sonrisas. Su habilidad para entender sólo puede compararse a su destreza para poner en unas cuantas palabras todo lo que ha comprendido de un vistazo. Más de una vez ha proclamado su deseo de parecerse a ella cuando sea mayor, cuando la sorprende secuestrando a la Virgen del belén de Sanidad y Consumo o haciendo alguna trastada semejante. Dónde los demás ven a la agente de signos pasando revista a las puntas abiertas del pelo, él vislumbra nítidamente a Ladycaña, sentada estilo indio y con el pórtatil quemándole las piernas, tecleando alguna ocurrencia a todo meter. Más allá del apellido, les une la confianza en algunas grandes verdades, como que los nombres y los verbos son importantes, pero no tanto como los adjetivos. Por eso, es ella, que quiere parecerse a él de mayor, quién entra para que firme los certificados, porque sabe que a la vuelta, le habrán radiografiado el alma.


ENSAYO SOBRE LA CALAMIDAD

"La primera vez que hice la declaración, era tan ingenua que creía que Hacienda era Robin Hood, robando a los ricos para dárselo a los pobres. Mientras aquel señor tecleaba mis escuetas retribuciones dinerarias, me relamía pensando en la cantidad de cosas que podría comprarme con el cántaro de leche que me iba a devolver la Agencia Tributaria. "Te sale a pagar 100.000 pesetas" El cántaro se me rompió encima con tanta violencia que casi pierdo el conocimiento. Traté de recomponerme mientras recibía explicaciones de que mi empresa, ésa que me pagaba cada 4 o 5 meses en función de las subvenciones, no me había retenido ni un céntimo en todo el año.

Al ejercicio siguiente, plenamente convencida de que, efectivamente, el fisco era el Príncipe de los Ladrones pero desengañada de la idea de que eso fuera a beneficiarme, tomé la precaución de consultar los datos fiscales antes de felicitarme por el hecho de no estar obligada a presentar la declaración. Para mi sorpresa, en uno de los trabajos eventuales que había tenido, habían computado las 8.000 pesetas que me pagaron como si fuera una trabajadora autónoma en vez de asalariada. Esta simpática jugarreta era motivo suficiente para tener que volver a palmar una nada despreciable suma de dinero.

Tercer intento: la empresa de turno me obsequia con dos certificados de retenciones uno correcto y otro erróneo. Yo, con mi habitual facilidad para atraer los rayos, presento el erróneo. Hacienda, con su habitual afición a buscarme las cosquillas, me hace una paralela. El tercer intento termina tan trágicamente como los dos anteriores, sólo que en euros.

Llegamos a la declaración del 2008. Cualquiera que haya prestado un mínimo de atención, podrá imaginar que al oir hablar de borradores, impuestos, retenciones, gastos deducibles... se provoque en mi una reacción alérgica lo bastante grave como para posponer el momento de rendir cuentas a la Hacienda Pública todo lo posible. Cuando sólo quedan 24 horas para que se acabe el plazo, la anticipación del sablazo es más dañina que cualquier alergia y me pongo manos a la obra. En mi casa se respira un cierto tufillo a catástrofe: mi móvil sólo responde a uno de cada 5 intentos de reanimación cardiopulmonar que le practico, el teléfono fijo tiene múltiples y ruidosas interferencias, la lavadora dejó de centrifugar hace tres días, mi tele se ha contagiado de la gripe del apagón analógico que, no sé cómo, he importado de Menorca... (se me ha olvidado comprobar esta mañana si la Bruja Avería está empadronada en mi casa). Pero no me dejo desalentar por los malos augurios y hago todo lo que está en mis manos y en las manos amigas que me rodean, para cumplir en plazo con mis obligaciones tributarias. Y así, pido que me hagan la firma digital, y por si acaso, una excompañera y amiga, que trabaja en la boca del lobo, me envía los datos fiscales por fax. Ya en casa descargo la firma electrónica y el programa Padre pero por algún motivo, probablemente relacionado con que mi Windows se apellide Vista, los datos no se vuelcan automáticamente. De pronto, el fax se vuelve imprescindible. Y cuanto más necesario más dudoso se me antoja, ya no estoy segura de que esos seises no sean ochos. Llamo a mi amiga y no sólo me descifra las cifras sino que me hace todo un tutorial telefónico de la declaración. Ya me he llevado el disgusto. Cómo dice Gabuto, no me sale a devolver sino a vomitar. Quiero hacer la presentación telemática, que para eso me he hecho la firma electrónica, pero ese procedimiento dejó de estar disponible para los que hemos esperado a vomitarle a Hacienda después del 23 de junio. Hay que imprimir. Me da la risa. No me lamento por no tener impresora, de haberla tenido la Bruja Avería ya se habría ensañado con ella. ¡La impresora de mis padres! Sin tinta. La de mi amiga Pitufa, a la que ya sólo le queda un pie en el barrio, imprime a una velocidad de 15 minutos por hoja. Desde el Facebook, nada menos que una Matahari con acento gaditano me tiende una mano. Se descarga el Padre (Nuestro), mientras yo lo rezo, comprimo la carpeta que el Padre parió en mi ordenador y se la mando por e-mail. Creo que si le llega, será por obra y gracia del Espíritu Santo. Bendigo la Ley de Protección de Datos; los míos llevan dos horas recorriendo Madrid, saludando a mis amigos, para poder llegar a tiempo a su destino. Matahari busca el asesoramiento de un compinche, y por fin, consiguen imprimir las 18 páginas que me entregará mañana, hoy, a las 8:00, si no me fulmina un rayo por el camino."

Doy fe de que Hacienda somos todos, sólo para hacer mi declaración hemos hecho falta muchos.

22 junio 2009

El sueño de Artemisa

22 de junio de 2009, Luna Nueva.

Había que hacer este viaje para este parto ("ogni cosa al suo tempo..."). Una nana inspirada en una leyenda (mi post anterior parece un presagio).


"Cuentan los habitantes de la isla que cada 28 días nace una estrella en la tierra. La claridad que desprende esa piel, aún por estrenar, es más fuerte y blanca que los destellos que alumbran la noche a millones de años luz. La Luna, que sabe aún más por vieja que por sabia, es consciente de no poder competir con ellas y ante la posibilidad de ser eclipsada por la recién llegada abandona el cielo a la espera de que el joven esplendor se aplaque.

Dicen que cuando el sol sabe del alumbramiento de una niña en Luna Nueva, se levanta muy temprano y va a su encuentro obsesionado por la idea de ser lo primero que vea al abrir los ojos. Junto a la cuna, la observa ensimismado mientras duerme. A veces se acerca tanto a los barrotes que el calor de sus rayos acaricia el semblante de la pequeña y la despierta. La niña, conmovida por este gesto, responde con un beso que hace que el sol se ruborice y arda con más fuerza. Y así, gobernado por un rojo incandescente, el día amanece.

Lejos de sentirse celosa, la Luna establece un vínculo inquebrantable con estas niñas a las que concede parte de su misterio y su protección, a cambio de que hagan realidad su sueño de convertirse en una mujer de carne y hueso."

Alicia (desde hoy Artemisa): Me temo que serás irremediable e irresistiblemente lunática.

Mother Mary y Father Fernis: sé que afinaréis muy bien la noche del estreno.

Menorca: ¡Gràcies per tot i Feliç Sant Joan!

28 mayo 2009

Tierra llamando a Rubaki





Moi, je ne suis pas Tété, mais voilá mon cadeau.

He tenido la suerte de nacer en el medio. En el medio de mis hermanas, en el medio de mis amigas... Estoy en el centro de una constelación de estrellas a las que quiero parecerme, mis puntos cardinales que me guían y me protegen.

Desde hace algún tiempo, una centella cinco años más imprudente que yo viene de vez en cuando a agitar mi firmamento emocional con alguna frase insultantemente simple, devastadoramente cierta. Esta estrella aparentemente errante, sigue la trayectoria inequívoca de un latido. La última vez que pasó por aquí me dejó un eco susurrando en el oído ("el dolor forma parte de la vida"). Arrastrada por una corazonada, se sentó en el borde de un agujero negro, se desabrochó las dudas, se puso el alma por fuera y se tiró de cabeza a las profundidades del dolor dispuesta a morir naufragando en su propio llanto. Me asomé al abismo temiendo lo peor y cuando iba a ofrecerme a reparar su luz y llorar con ella, la encontré abrazada a la felicidad, sonriente, con los ojos cerrados, apretando los párpados con todas sus fuerzas como cuando somos conscientes de que protagonizamos un sueño inmejorable del que no queremos despertar por nada del mundo. Sin duda, el destino reserva esos regalos para los que están dispuestos a reincidir en el arte de arriesgar el corazón en aventuras temerarias.

Hoy, cumple un año más, y quiero imaginarla igual que la última vez que la vi. Por eso no voy a llamarla, no quisiera perturbar su sueño.

También puedo imaginarla en el futuro, cuando cumpla muchos años más. Entonces será vieja y aún más sabia pero seguirá siendo bella, como Emilia. Y espero que el tiempo no le arrebate ni un ápice de valentía.

Mi Amiga de más tiempo te pintó en una teja sin conocerte y poco después yo encontré dos versiones tuyas en la tienda donde te compro los regalos. Añadí el portavelas que me regalaste y ahora, todas estas imágenes, forman un coro de Niñas de Fuego que da calor a mi casa. Acudo frecuentemente a ellas en busca del valor que me falta. Y no sé si habrán tenido algo que ver pero algunas noches, yo también duermo abrazada a la felicidad y aprieto los párpados para no despertarme.

Felicidades Rubaki

17 abril 2009

Mamá rutina

La tan denostada rutina nos emparenta sin querer con un montón de gente con la que compartimos los lugares y horarios de nuestro día a día. Y como en todas las familias, con algunos tenemos una afinidad especial mientras que a otros los soportamos a duras penas y porque no nos queda más remedio. Éste es el caso de esa madre implacable que tortura a sus dos retoños de entre 7 y 10 años con una conversación en inglés absolutamente antinatural a las ocho de la mañana: "this is a chair", "this is a window", "this is a bag", "this is a door"... La Señorita Poppins hace inventario de todos los elementos del vagón martilleando los cerebros somnolientos de sus hijos y de todos los viajeros que no disponen de un mp3 con el que protegerse, ni de una lectura lo suficientemente absorbente para poder ignorar su voz. Ojalá algún día, uno de los pequeños reuniera el valor necesario para contestar a su madre en voz alta lo que se puede leer claramente en su cara y en la del resto de los improvisados compañeros de clase: "¡¡¡¡This is a hell!!!!". Afortunadamente hemos llegado a Alonso Cano y la tortura finaliza, hasta mañana.

Como compensación, mamá rutina trae a este mundo subterráneo un hermano del que no sé el nombre pero sí otras muchas cosas. Hacemos juntos el camino de ida entre las estaciones de Antonio Machado y Gregorio Marañón, y algunas veces, también el de vuelta. Mi hermano sólo tiene una discapacidad que al estar reconocida por la Comunidad de Madrid le hace merecedor de la medalla de discapacitado, carga de la que nos libramos los que tenemos discapacidades no reconocidas por múltiples que sean. Desconozco el diagnóstico exacto pero puedo intuir que pertenece a ese amplio y heterogéneo grupo de trastornos a los que acecha el espectro autista. Es una ironía, que a simple vista, cualquiera de los que vamos en el vagón parezcamos mucho más autistas que él. Cada uno a lo suyo: el libro, el periódico, la PSP o las musarañas porque algunos ni siquiera hacen el esfuerzo de buscar una coartada. Él, sin embargo, no se cansa de saludarnos cada día. Tal vez le conozcáis. Te pide que choques su mano extendiendo los dedos todo lo que puedas. "¡No! Así" Quiere que los eches más para atrás, como lo hace él, pero no podemos. Te mira la mano fascinado porque ha descubierto por sí sólo (y con esto, el discapacitado ya gana por 2 a 0) el secreto que a mí tuvo que revelarme aquel gran hombre que fue el mejor de mis profesores en la universidad: "Las manos de los autistas son diferentes". Diferente, es una característica tan imprecisa como misteriosa. Esa era su forma de mantenernos absortos en clase. Tratábamos de desentrañar el enigma de los trastornos de la cognición a través de las pistas que él nos proporcionaba tan hábilmente, dosificando la información con cuentagotas. Por la edad que aparenta mi hermano, es muy probable que alguna vez pasara por la consulta de aquel hombre que fue el mayor experto del país en la materia. Avanza de un vagón a otro chocando manos y pienso si tal vez fue el protagonista de alguna de las anécdotas que mi profesor nos contaba sobre sus pacientes. En honor al maestro, decido que este chico lleva su nombre. Estoy segura de que si se conocieron, el espectro que planea sobre mi Ángel no pudo evitar que sintiera la muerte de Rivière tanto como yo.

Cada día, a las 8:15 de la mañana la silueta de un hombre delgado se erige sobre el andén de Francos Rodríguez. Si hace mucho frío, cazadora oscura forrada de borreguillo y gorra. Si es lunes o viernes, es probable que el maletín habitual sea sustituido por un ordenador portátil. Si llueve, un paraguas largo y firme, como una metáfora de sí mismo, que utiliza a modo de bastón mientras espera inmóvil que aparezca el metro, que se parará obediente para abrir una de sus puertas frente a él. Se sentará en uno de los asientos laterales, más cómodos porque permiten recostar la cabeza, para hacer más llevadero el camino a Las Musas. Cuando parece dormido, aprovecho para observar esas cuencas hundidas, que me recuerdan tanto a mi abuela. Sus ojos se entreabren varias veces a lo largo del trayecto para averiguar en qué estación estamos y me sorprenden pensando: "Este señor es Don Quijote vestido de paisano" Y le bautizo "Alonso Quijano, pues". Hemos llegado a nuestra estación y se sitúa en la puerta que parará frente a la salida. Su método es tan infalible que es más fácil creer que el conductor le obedece de nuevo y para dónde sea preciso con tal que esto suceda. Sube ágil las escaleras mecánicas. Yo detrás, como Sancho. Mi paso es más rápido porque llego más tarde. Así, por un momento coincidimos en el mismo escalón, prácticamente a diario, y en ese instante, los dos observamos con el rabillo del ojo la estampa de la pequeña familia que formamos. Sólo hablamos una vez que él se durmió y yo le desperté ("Señor") y me lo agradeció con una sonrisa que nunca antes había visto en su rostro. Me preocupa que su edad cercana a la jubilación me deje huérfana por las mañanas. Antes de que eso suceda, espero atreverme a aminorar el ritmo algún día y seguirle a su trabajo, aunque eso suponga llegar tarde al mío una vez más y que me lo descuenten de la nómina. En realidad, no me preocupa tanto eso como profanar una ilusión que me ayuda a levantarme por las mañanas.

Feliz lunes, familia.

09 febrero 2009

En brazos de la marea

Mientras comía, miraba fijamente el tupper de mi compañera. Efectivamente, aquel recipiente compartimentado para separar el primero del segundo tenía más habitaciones que mi nueva casa. Está claro que aunque ganemos lo mismo, pertenecemos a estratos sociales diferentes. También está claro el aprecio que nos tenemos a pesar de eso. Una vez más, hubo que convertir la carencia en ventaja, un valor en alza dados los tiempos que corren, y desde ese día, cuando me preguntan cómo es mi habitación, dejo que conteste Ladycaña:

"Duermo en un espacio submarino sobre el que emerge una cama que es un velero. El balanceo del barco entre las olas es más perceptible con los ojos cerrados. Con ellos abiertos, estrellas o nubes surcan el cielo rumbo a su destino. Del techo descienden caracolas y campanillas oxidadas que tintinean al soplar la brisa prendidas en algas y redes de pescadores. Sobre la cómoda, valiosos tesoros piratas. Los peces proyectan destellos multicolores en una esfera lunar que todos creían desaparecida. Bajo su luz, serpientes de agua tratan de abrirse paso por la pared hacia la superficie. Un náufrago entona cada noche la canción que alimenta el sueño de las sirenas. Un lugar así no tiene puerta porque es de necios ponerle puertas al mar."

Vuelvo a estar rodeada de islas. Mi calle se pierde hacia la playa y mi casa que es pequeña, como mi tamaño y mis ingresos, resulta estar hecha a la medida de mi vida. Y poco importa que no esté orientada al sol, si está orientada a la luna.
Quizás el salitre complica lo de mi ADSL. Desde luego, si he podido actualizar hoy no ha sido gracias al servicio técnico de Orange ni al de Telefónica. Será que navegar, como casi todo, es más fácil si hay luna llena.

12 octubre 2008

Cómo se hizo... Mucho más lerele

(Jueves 6 de noviembre a las 24:00)

Después de veintiocho días y 39 entregas…

… de Montecarmelo a Villaverde, de Aluche a la Alameda de Osuna, de Vicálvaro al Barrio del Pilar pasando por Atocha, Carabanchel, Moncloa, Puerta de Toledo, Avenida de América, San Blas, Castellana, Vallecas, Lavapiés… Algunos han conseguido cruzar las fronteras del Municipio, incluso de la Comunidad…

… sigilosamente depositados en buzones con la colaboración involuntaria de vecinos anónimos o de porteros ingenuos dispuestos a dejarse engañar por una apariencia inofensiva y una eficaz gestión de la sonrisa, instalados durante semanas en soportes diseñados para su especie a la espera de ser identificados entre sus congéneres, camuflados entre recibos de IBI y material de oficina cuidadosamente inventariado como propiedad del consistorio, introducidos en bolsos ajenos a veces a hurtadillas y a veces no, regalos sorpresa que esperaron a sus dueños en la oscuridad del maletero del coche, visitantes furtivos que durmieron arropados por alfombrillas de ratón, trofeos que fueron rescatados en arriesgadas misiones nocturnas de pedestales que los exponían a condiciones climatológicas de lo más adversas, polizontes que viajaron en las profundidades de carritos de bebé, obsequios brindados por ciudadanas desconocidas, misteriosos huéspedes alojados en hoteles de cinco estrellas …

Se descubren muchas cosas: que Madrid es muy pero que muy grande, que hay gente muy despistada, gente que nunca abre el buzón, gente muy loca, gente a la que pensabas que no le haría especial ilusión que se emociona profundamente (vuestras reacciones son siempre más sorprendentes que las propias sorpresas)… pero sigues sin saber si te lo pasas mejor antes, durante o después.

Existen innegables conexiones entre fenómenos. Una mariposa blanca viaja en metro cada vez que concluye la manufactura de un espejismo. Del mismo modo, cada una de estas entregas depara un regalo: una afluencia estadísticamente improbable de ciudadanos sordos en la junta, zapatillas de ansiadas dimensiones en los chinos de Pueblo Nuevo, espejos siendo abandonados por mozos de almacén dispuestos a embalarlos cuidadosamente para llevar en transporte público sin levantar sospechas, visiones hipnóticas de la luna a la salida de un portal de la avenida Monforte de Lemos, láminas de acetato a precios aptos para tiempos de crisis despachadas entre invitaciones a fiestas de Halloween casi irresistibles incluso para quien lo detesta… Pequeños pero preciados golpes de suerte. Si no hubiera intuido los efectos secundarios desde el principio, tendría algún sentido que me lo agradecierais vosotros a mí en lugar de yo a vosotros. Gracias.

¡Misión cumplida!

13 septiembre 2008

Las Noches en Blanco

"... la actual edición versa sobre la idea de la ilusión. La Noche en Blanco invita a los madrileños a descubrir una nueva ciudad, metamorfoseada por el arte y tejida de fantasías que, por unas horas, confundan nuestros sentidos. Una noche compuesta por las ensoñaciones de quienes participan en lo que se ha convertido en la mayor celebración cultural de la ciudad."

Soy una fanática de La Noche en Blanco. Y sé que esta declaración hará que alguien vuelva a tacharme de corporativista, pero me da igual. Estas noches se han creado para disfrute de los amantes de lo público y de lo gratuito. Aunque no sólo vayamos nosotros y se apunte un montón de gente (más amante de protestar que de otra cosa) que no parará de refunfuñar en toda la noche: que si hay aglomeraciones, que si dos horas de cola para ver esto, que como no salga ya el funambulista este me voy a cagar en toda su familia...

De hecho yo pediría que el año que viene todo fueran falsos reclamos. Que nos anuncien una Noche en Blanco llena de espectáculos que no se hagan. En blanco blanco de verdad, vaya. Lo único que me disgusta de esa noche es que se gaste tanto dinero cuando lo que hace falta no cuesta nada: la luna en el cielo y la calle llena de gente. Lo demás casi me sobra. Pueden mantener algunas cosas que seguro costaran poco dinero: evacuar Madrid pasando por debajo de la Puerta de Alcalá (y poder tocarla), los patos de goma flotando en la Cibeles, los besos en la fachada del Palacio de Correos, Raimundita corriendo por las habitaciones del Palacio de Linares, Ariuca haciendo una performance en Lavapiés y el Diente de León, para proyectar de un soplo en las fachadas del Paseo del Prado que "una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma", que es una gran verdad que le debemos a Almodóvar y a la Agrado. Cuando éstas son las expectativas, a una como mucho le puede disgustar que haga más o menos frío, pero se lo pasará bien seguro.

Tal vez la falta de ambición me haya llevado a encontrar en el conformismo la fórmula de la felicidad. De esto espero que tomen nota los Navarros y compañía y no vuelvan a hacerme nunca un regalo caro (si me envolvéis unos azulejos, como Gabuto y Sevein, me sentiré igual de feliz y menos culpable). Los momentos felices de la vida, probablemente sean escenas muy simples: una tarde patinando en Chamartín con tus compañeros de instituto, unas magdalenas y un chocolate caliente en el autobús de vuelta de Montejo de la Sierra... y tantos otros. Siempre pensé que la compañía era un factor decisivo, pero cada vez es más frecuente que la felicidad me encuentre sola (Rubaki, te hago responsable de haberme llevado por este camino sin retorno) ¡soy una huraña feliz!

Me obsesionaba encontrar una canción para este post que es el tercer y último homenaje del verano a la luna llena. El azar o el destino me han descubierto a otra Niña de Fuego, de quien no voy a difundir el nombre porque estoy en esa fase de veneración de los ídolos en que no quieres compartirlos con casi nadie y en que no te perdonas que ese disco exista desde hace dos años y te acabes de enterar ahora. Su canto a la luna, a medio camino entre lo sagrado y lo salvaje, entre el aullido y la oración, es exactamente lo que buscaba. Soy plenamente consciente de a quién le debo este hallazgo. Así que ¡gracias! como dice Chaouen "al sol por su luz y a la luna por todo lo demás".

07 septiembre 2008

El Balcón de Sanabria

"San Martín de Castañeda
espejo de soledades

tu lago recoge edades
de antes del hombre y se queda
soñando en la santa calma
del cielo de las alturas
en que se sume en honduras
de anegarse ¡pobre! el alma"

"San Manuel Bueno, mártir", Miguel de Unamuno (1930)

Dice la leyenda que hay un pueblo sumergido en el lago. Tal vez el que hay arriba sea su reflejo.

Hablar del pueblo es algo reservado a los autores de las loyas y a los pastores que las cantan. A los demás sólo nos queda opinar, y yo opino que lo mejor que le puede pasar a una loya es que la componga mi primo mayor y que la cante mi primo pequeño. A ver si se me concede pronto ese deseo.

La lírica que hemos heredado se la debemos a la abuela, que se conocía todas las coplas del pueblo. Ésta nunca se la oí cantar a ella, pero a mí es la que más me gusta. Y por fín la tengo.

23 agosto 2008

Diario de un espejismo

Mis padres reformaron el baño poco antes de que Ariuca y yo hicieramos la comunión. La mañana que mi madre me despertó para estrenarlo, ninguna de las dos sabía que me estaba regalando un recuerdo imborrable del que, en realidad, sólo conservo huellas parciales de sensaciones: una mañana de primavera que olía a silicona, la pregunta de si me gustaba aquel baño del color de mis ojos y mis pies descalzos colgando del inodoro sin poder alcanzar el suelo. Me hubiera empadronado allí. Solía entrar a imaginar que me hacía muy pequeña y vivía en el mueble que había debajo del lavabo. Dormiría en el cajón, abrigada por la felpa de las toallas de bidé. Al despertar treparía hasta la azotea y me colgaría del grifo para beber agua, nadaría en esa piscina espectacular del seno del lavabo y me tumbaría en la jabonera para secarme al sol de la bombilla.

Quizás sea el baño el único lugar de la casa donde se nos permite estar solos y en ese lapso de ensoñación que va desde que echamos el cerrojo hasta el golpeteo impaciente de unos nudillos, los azulejos asisten atentos a nuestras divagaciones y dan fe de nuestros dilemas y nuestros anhelos. No se merecen que los abandonemos a su suerte en inhóspitos contenedores. Si eso sucede, su suerte mejor será que alguien los recoja y los ponga cerca de un espejo. Que pasen a la posteridad asomados a la orilla de un lago de mercurio contemplando los sueños de los que son portadores. Eso les encanta. Así es como el azogue recupera su poder y se torna mágico. Así es como los espejos se convierten en espejismos.


Querida Fienna:
Somos todopoderosas. Lo podemos todo. Tu espejo ha sido elaborado con toda la brujería de la que soy capaz. Es un espejo muy sabio, mágico por supuesto, descendiente directo de aquél que tenía la madrastra de Blancanieves, pero con corazón (el de un gato para más señas). No es más que un instrumento al servicio de tus poderes. Si te colocas frente a él, podrás visualizar lo que quieras conseguir, y lo conseguirás.
El proceso de elaboración ha sido un canto a la autosuficiencia que ha permitido forjarlo a fuego lento, como un conjuro. Los azulejos fueron cuidadosamente seleccionados: los rosa con florecitas que tú misma sugeriste (mira que te conozco pero sigo sin atreverme a regalarte esas cursiladas a las que sólo tú sabes devolver la dignidad), unas flores de alta alcurnia halladas en el barrio Salamanca (a Ariuca le "encantitaron" nada más verlas), un indefenso pedacito azul y blanco de diseño retro que me encontró de camino a la piscina y me imploró que lo llevara conmigo (al que he reconvertido en nube debido a su capacidad para el llanto fácil) y tu plato roto de "A Loja do Gato Preto" que ha visto diseminada su herencia genética dando a luz una mariposa, una libélula, un caracol y un tulipán, pasando, tras semejante parto, a mejor vida. He ido mezclando más fuerza física de la que tenía para acarrear el espejo original, con un poco de la humildad que me faltaba para querer pedirle a alguien con carnet y coche que me ayudara a transportarlo (finalmente, se lo pedí a Ariuca que me debía varios favores como porteadora). Lo aderecé con un soplo de la suerte de vivir tan cerca de "Cristalera Madrileña" (establecimiento que no tiene reparos en cortar espejos "de la calle"), añadí una buena dosis de la paciencia que voy perdiendo para partir los azulejos y una cucharada de minuciosidad para no darlo por terminado antes de tiempo, de ésa que nunca he tenido y de la que siempre te he visto hacer alarde: al quitarle la pintura a la escalera de tu madre, o como hace 13 años, al limpiar la tela de la canadiense que nos dió cobijo en Campolongo.
¿Pero qué clase de bruja sería, si no pudiera hacer cosas de las que no soy capaz? Esta experiencia me ha permitido descubrir que para recorrer la distancia que separa nuestros dos barrios bajo un sol de justicia, con un tablero de DM de dimensiones inadmisibles para la EMT echado a la cadera, el bolso repleto de hojas de azulejo, la falda arremangá con una mano y un abanico en la otra, no hacen falta poderes, sino poderío.
Debería haber aprovechado que las llaves de tu casa me conceden la facultad de dejártelo como sorpresa de bienvenida, pero también carezco de la generosidad necesaria para renunciar a verte la cara cuando lo abras.
Sé que lo emplearás para el bien. ¡Que lo disfrutes!

09 julio 2008

Manual para el recién nacido

Con los ojos de su madre y la mirada de su padre.

Los acontecimientos se alían con fechas empeñadas en formar parte de mi vida. Así fue como Martín, nada más nacer, me pellizcó el corazón.


Hola, mi niño:

Te esperan años de grandes descubrimientos pero voy a intentar adelantarte lo fundamental:

- Diga lo que diga tu partida de nacimiento, te llamas Martín.

- La Navidad a veces se rompe, pero se arregla.

- Lo que no debe romperse por nada del mundo es la cadena del frío, sobre todo si está papá delante.

- Cuando vaya a tu casa un señor muy aburrido e inoportuno hazle todas las gamberradas que se te ocurran. Es el del Círculo de Lectores y es un experto en romper la Navidad. Se merece todo lo que le hagas.

- Mamá esconde chucherías en los bolsillos de la bata blanca del trabajo (de nada...)

- Aunque Lilith diga que los Reyes son los padres porque su madre se lo ha contado, ¡es mentira!

- Sobre los que formamos la corte que habitualmente rodea a tus progenitores: sé que puedes vernos como realmente somos, pero no te asustes que aunque alguno lleve una espada de su tamaño, somos buena gente. Yo soy la de la bata de cola.

- Has venido al mundo, literalmente, de la mano de la alegría. No lo olvides nunca.

- La vida nos da más de lo que necesitamos para ser felices.

- Te quiero.

08 julio 2008

Aalin, en los alrededores de la alegría

Cuando la suerte sonríe a quienes lo merecen tanto, nuestra forma de entender el mundo se ve reconfortada.
Gracias, Aalin, por retroalimentarme.

La intuición ya le había dicho que no había que buscar más, pero una noche, mientras esperaban en un semáforo, sintió la necesidad de hacerle la gran pregunta:

- ¿Subirías a la luna?

Lejos de sorprenderse, él pronunció cada palabra con la seguridad de quién conoce la única respuesta posible:

- Sí, a visitarte de vez en cuando

En ese instante, mientras él comprendía que había estado esperando esa pregunta toda su vida, ella tuvo la certeza de que le había encontrado.
De una primogénita se esperaba que fuera responsable y que, por ejemplo, estudiara derecho. Era lícito que, después, quisiera convertirse en defensora a ultranza de las causas más perdidas y poner su sentido de la justicia al servicio de la locura. A saber: ¿Que un vendedor de cuero de la Latina quiere interponer una demanda contra el tendero de al lado por un motivo tan surrealista que soy incapaz de reproducir (ni entender por más que Aalin me lo haya contado multitud de veces)?, pues allá que va ella a testificar, aunque todo lo que la relacione con semejante litigio sea que un buen día pasó por allí y desde entonces hayan pasado más años de los que la memoria de un testigo puede soportar.

Por encima de las expectativas que pretendían atarla a la realidad, Aalin siempre supo que su principal misión en la vida era ejercer de hermana mayor. Y esto, en su caso, consiste en ir por el mundo protagonizando historias surrealistas y contarlas envueltas en esa risa grande y contagiosa para deleite de la alegría y sus alrededores. Si te montas en la risa de Aalin puedes hacer el ascenso del Sella mientras el resto del mundo, envidioso, lo desciende irremediablemente.

No hay disparate que lo sea tanto como para que Aalin no se lo plantee: comprarse una "casicasa", elegir salvarle la vida al estuche en lugar de a su amiga, tratar de redimir al yonki que la está atracando, andar 100 kilómetros en 24 horas (cada vez son más los insensatos), adelantar una considerable suma de dinero a un apartado de correos en contestación al reclamo del periódico "TRABAJE DESDE CASA HACIENDO OSITOS DE PELUCHE" ... o esa gran contribución al mundo carnavalesco: el metadisfraz. Esta idea revolucionaria consiste, ni más ni menos, que en disfrazarse de algo y ese algo de otra cosa. Ilustrémoslo con un ejemplo: tú te disfrazas de hada, y el hada, a su vez de..., pongamos por caso... ¡Gandalf! Para cualquiera que te vea, el hecho de que lleves no menos de tres identidades encima resulta, como mínimo, muy entretenido. Como el orden de los factores no altera el producto, no pueden evitar plantearse si tal vez fue Gandalf quien quiso disfrazarse de hada y el hada de Aalin.

¡Qué bien se lo va a pasar Martín con una tía tan loca!


¡¡¡¡Felicidades!!!!

01 julio 2008

La inspiración

"...decide que, si él se conmueve, dedicará su vida a ayudar a los demás. Si no, pues nada".



Detrás de mi lavabo también hay tesoros ocultos. Mdlle. Poulin mataría por tener acceso a una base de datos como la mía.



Lady Godiva ha pasado a engrosar la ya numerosa cifra de hijos de la Gran Bretaña afincados en Mojácar y yo me he reconciliado con el universo con la ayuda del genio silencioso, que ha tenido a bien concederme un poco de esa paz que le sobra.

Tras sobrevivir a un semestre de hiperresponsabilidad, afronto el siguiente con una lista de despropósitos en el bolsillo. Una de las pocas cosas que tengo claras es que la motivación de logro es algo de lo que carezco por completo y eso condiciona sobremanera mi futuro profesional que, he decidido se regirá por las siguientes cláusulas:

1. Mi verdadero trabajo empezará una vez termine mi jornada laboral.

2. Será incompatible con cualquier retribución económica dados los efectos tan perniciosos que el dinero produce en mi creatividad.

Durante este mes, me consagro en cuerpo y alma a la alegría y a su retoño. Es hora de dar forma a los materiales que el "Comando Azulejo" ha ido recopilando con tanto entusiasmo y buena fortuna.

...
No desvincularme del silencio, nunca.
Servir a la magia siempre.

07 mayo 2008

Mi lugar en el mundo

A algunos lugares sólo te llevan Las Musas.

Al llegar, puedes pensar que te has metido en una peli de Marisol, porque tienes la sensación de conocer a todo el mundo y de que todo el mundo te conoce, por tu nombre. No es una sensación. Es el bibliotecario que sale a tu encuentro por obra de la providencia y te cuela clandestinamente en su centro de trabajo para darte el DVD que necesitas, el que pensabas que ya no conseguirías hoy.

En ese lugar hay un bar y en el bar una camarera que te prepara amorosamente un bocadillo, después de darte un abrazo y de preguntarte qué tal te va la vida. Siempre has dicho que te encanta ese sitio, estás totalmente de acuerdo con el eslogan de las servilletas: es especial. Sobre todo, porque no puedes descubrir el misterio que hay detrás de que allí siempre suene la música que te gusta; más de una vez has pensado que te han quitado el mp3 y lo han conectado a los altavoces. Así que mientras ves como la camarera envuelve el bocadillo en papel de plata, te percatas de que estás escuchando por primera vez el nuevo single de Amaral. Pero no cabe sorprenderse, sólo sonreir.

Sobre los personajes que pueblan el consistorio, podrían escribirse tantas cosas... Y no sólo por lo que ven y oyen a diario en boca de la ciudadanía, sino por mérito propio. El caso es que sin que te lo pidan cumples con el ceremonial de seguridad y te despojas de tus pertenencias y pasas por el arco (¡del triunfo!) y a pesar de todo: ¡pitas! (es el cinturón por supuesto, no la boca). Así que te echas las primeras risas con el vigilante, que es además, ciberamigo tuyo y te permite el paso sin necesidad de que se te caigan los pantalones. Mdlle. Rubaki sonríe desde el punto y uno a uno vas saludando a toda la familia. Si hay algo que está claro es que sois familia, a ver si no por qué el padre de todo aquello se apellida como tú. Como ya es tarde y la familia ha comido, subes a la segunda planta a ver si con un poco de suerte hay algún funcionario disfrazado de ferretero que te quiera llamar subcontratada y echarte el sermón filosófico del jueves, que en tu honor, se adelanta al miércoles. Sólo echas de menos el sol reflejándose en el agua del estanque, y el reflejo proyectándose en el techo del office. ¡Ay! Esos pequeños placeres...

Creo que es suficiente para entender por qué estoy deseando pasar allí "mis vacaciones". Jefa/Mamá (eres tan joven...): Tal vez si les mando esto, la cúpula me entienda aunque no es para meter presión, es para agradeceros que sigáis estando allí.

San Blas genera adicción ¡Soy otra yonki más!

29 marzo 2008

Combatiendo el olvido

Aquellos que formaron la Nueva Generación de Cantautores hoy son los veteranos del circuito, y aunque la mayor parte de la audiencia se ha incorporado más tarde, entre el público aún se reconocen caras de gente que desconozco desde hace más de 10 años.

Ariuca aún pudo disfrutar de Pedro Guerra en petit comité. Mi quinta llegó tarde a eso. Yo conocí a Ismael Serrano cuando ya estaba presentando el disco en el FNAC , pero aún le vería hacer alguna colaboración en La Redacción (calle Cervantes nº 7) que se convirtió rápidamente en un local de referencia para mí y para muchos de vosotros. Allí descubrí a Antonio de Pinto, de quién he envenenado recientemente a Mdlle. Rubaki, que me sigue los pasos a cinco años de distancia, porque espiritualmente nació en el 76. El cierre de La Redacción nos barrió a Libertad 8, al encuentro de Jorge Drexler que conseguía susurrarte al oído aunque estuvieras en la última mesa.

Probablemente fueramos menos de veinte personas en Galileo, la noche que Amaral presentó su primer disco, y eso que Rosita ya tenía hasta videoclip. Pero allí nos fuimos la Pitufa, Vanila y yo que habíamos comprado las entradas movidas por un acto de fe. Sólo teníamos la intuición de que podía gustarnos. Cuatro discos después y a la espera de escuchar la fumada que cerrará el siguiente, sigo creyendo en Amaral. Los temas de su segundo trabajo sonaron, por primera vez, en un concierto de Chaouen, esa noche mágica en que nos regaló la primicia de "Mi habitación en tus pupilas" en la sala Garibaldi (San Felipe Neri, 4). Un lugar donde no todas las sorpresas fueron agradables. Allí me enteré de que el violonchelista de la Oveja Negra, Oscar Grossi, había muerto en un accidente de tráfico viajando con la orquesta en la que tocaba. Yo había ido a un concierto de Legna que lógicamente se suspendió. Poco tiempo después, Garibaldi también desaparecería.

Para entonces ya conocíamos El Búho Real y a Bêbe que llenaba la sala una vez al mes aporreando la guitarra pero con una voz inconfundible. Y a Paco Bello (o Nauta o el Doctor Grillo) y este tema.

El sábado volví al Búho después de mucho tiempo. Con miedo. El miedo de que la Nada se extienda y absorba los sitios que forman parte de mi vida. Si dejas de ir, se mueren y desaparecen. Fue un alivio encontrarlo todo en su sitio. Es como estar en casa aunque no haya ni silla para sentarse. Una visita obligada al expositor de Postalfree para saquearlo antes de que empiece el concierto y coger el programa del mes siguiente para el corcho de la habitación. Ahora me resulta dificil reconocer algún nombre de la lista, pero no quise perderme la actuación de César Rodríguez. Sólo me acordaba del estribillo de una de sus canciones pero me dejó otra sonando en la cabeza. Pertenece a una generación de cantautores, que ya no es nueva, pero es la mía.

23 marzo 2008

Operación Martín. SOS.

A los hijos de los amigos se les quiere instintivamente, porque representan lo mejor de cada uno de sus padres.

(Cristalitos, esto es para tí pero es mejor que no lo leas)

No puedes llamarme para pedirme que te ceda los derechos del nombre de mi hijo y luego desecharlo. Sobre todo cuando fui capaz de resistirme al impulso egoísta de negarme (Martín forma parte de mis más profundas raíces sanabresas) y cedértelo más que encantada, emocionada. Pedirme ese favor era el mejor regalo que podías hacerme: la oportunidad de establecer el primer vínculo especial con vuestro niño, al que no puedo evitar querer porque es vuestro.

Despreciar Martín, deja de ser ofensivo y empieza a ser sangrante cuando la otra opción es un nombre, probablemente normal y corriente, puede que incluso bonito, pero por contraste insulso, insípido, aburrido, anodino, soso... Daniel. Parece que las otras opciones Tristán, Hugo, Lucas... indudablemente más dignas, van perdiendo fuerza. Por eso, haciendo uso de mi legítimo derecho de libertad de expresión aprovecho este foro, para pedir el voto no a favor de Martín sino en contra de Daniel. Lejos de querer imponerte el nombre de tu hijo, sólo pretendo evitar la catástrofe. Recuerda antes de maldecirme, que fuiste tú quién me dió vela en este bautizo. De cualquier forma, si el cibermundo está de acuerdo contigo asumiré mi derrota que no será tal, porque Martín será, ya lo es, su alias ladycañero. Si quieres contratacar, llamamos a Cuatro y le pedimos hora a Gabilondo para que nos modere, o te abres un blog ¡tú verás!

Dejando a un lado la visceralidad que se debe imprimir a cualquier campaña electoral que se precie, te diré algo. Llámale como quieras. Todo lo que hemos visto de él es la raya del test de embarazo que resultó ser de pega (ni siquiera una ecografía, ¡qué ya os vale!), pero le imagino con nítidez y puedo predecir que no dejará de sorprendernos gratamente. Sea cuál sea su nombre, para cualquiera resultará evidente que no hay una gota de insulsez, aburrimiento o sosería en su sangre, porque no la hay. Y tendré un vínculo especial con él. Algún día descubrirá a mi ratón debajo de un botón, aunque para ello tenga que conectarse a internet.

Ladycañeros del mundo: La posibilidad más inmediata de hacer que el nombre de mi hijo tenga una entidad biológica es que mi amiga se lo ponga al suyo. Si crees que Martín es el nombre que debe tener un niño genial, vota.

¡Aún estamos a tiempo!